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Mil Años de Sueños

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Re: Mil Años de Sueños

Notapor maximossj » 05 Ene 2009, 16:46

Gracias, yo estoy a ver si termino ya, que vaya harton de escribirir jeje

 

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Re: Mil Años de Sueños

Notapor aturuxo » 07 Ene 2009, 05:26

Hola a todos,

ante todo felicitalos por el trabajo de compilar esa pequeña pero preciosa novela dentro de nuestros DVDs de Lost Odyssey, y en especial a maximoSSJ por su excelente trabajo en la creación del PDF (aunque todavía incompleto) que he podido descargar hace un momento y leer.

Me gustaría muchísimo poder colaborar con el proyecto... infelizmente he prestado mi copia del juego y no puedo copiar el texto, que por otra parte ya casi todo el mundo ha colaborado a copiar y publicar aquí. No puedo evitar decir, que de no haber una publicación de los relatos, o un proyecto de foreros como éste, yo mismo hubiese llevado por mi cuenta, aunque lentamente, tal tarea... porque me gustaría leer cada relato como lo que es, letra sobre papel :)

Así pues, solo quería agradecer a toda esta comunidad el trabajo ahorrado y aportar una pequeña idea o, si se quiere, capricho personal... podríamos crear el PDF no en el formato folio A4 que siempre usamos inconscientemente con programas de ordenador... sino en formato libro (esto es, un tamaño de papel mucho más semejante al de cualquier obra de lectura que tengamos por casa). Por así decirlo, con sus páginas pequeñas y sus márgenes justificados con guión para palabras largas, con una letra elegante, comienzo de capítulo en página impar y el largo etcétera que hace una presentación brillante. No sé qué opinará la persona que ha estado maquetando el PDF, si le gusta o no la idea o si se ve animado a hacerlo o no... me gustaría mucho hacerlo yo mismo, pero me temo que no voy a gozar este mes del tiempo suficiente para tantas y tantas páginas como veo que salen. Solo es una pequeña idea o capricho, porque en realidad la edición en PDF que como 'versión beta' ya se ha presentado, me gusta mucho.

Nada más, muchas gracias por leer y un saludo.
aturuxo
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Re: Mil Años de Sueños

Notapor aceuchal » 09 Ene 2009, 09:24

:aplauso: :lloros: :lloros: .
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Re: Mil Años de Sueños

Notapor deadwalker » 26 Ene 2009, 00:47

hola!
solo keria felicitarlos por el trabajo ke estan haciendo, me encanta este jeugo y no puedo esperar a ke saquen la segunda parte.
hace unas semanas me entera de la existencia de algunos sueños que no parecen en el juego,
ya lei el de, creo ke se llama "la voluntad de un soldado" o algo asi, pero por mas ke he buscado, no logro hallar el sueño de "samii el cuentacuentos" asi ke si alguin pudiera postearlo, o poner un enlace, se lo agradeceria mucho.
gracias.
deadwalker
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Re: Mil Años de Sueños

Notapor unimex » 07 Feb 2009, 22:23

holas buscando algo de informacion de este gran juego di con este foro ya casi me lo termino el game pero quiero sacarle todo el jugo asi q ando buscando algo de informacion.... bueno el punto es de q yo tengo todos los sueños copiados asi q les puedo ayudar con alguno q les haga falta o bien subirlos para q los descarguen los tengo en word :talue:
unimex
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Re: Mil Años de Sueños

Notapor Albzo » 27 Feb 2009, 12:31

Pues estaría muy bien que los pusieras :)
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Re: Mil Años de Sueños

Notapor Lyoneng » 18 Mar 2009, 10:48

una felicitacion de verdad, espero poder aportar con alguno pronto, sigan asi de verdad, qeu son de las mejores historias cortas que eh leido, un deleite
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Re: Mil Años de Sueños

Notapor maximossj » 25 Mar 2009, 01:45

Bueno, hace ya mucho que no sigo copiando, seguramente pronto comienze otra vez pues ya me quedaban pocos, aqui les dejo como va el pdf, ya tiene menu y "estilo", y esta preparado para impresion-encuadernación y quede "profesional", con cada nueva historia comenzando en la pagina derecha

http://www.megaupload.com/?d=Z5MYUS0A

Un saludo
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Re: Mil Años de Sueños

Notapor kenshirorei » 25 Mar 2009, 13:39

pide contraseña, la puedes pasar?
gracias¡
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Re: Mil Años de Sueños

Notapor Sp1ke » 27 Mar 2009, 15:04

Me ha costado volver a ponerme...

Pero aqui va el siguiente:

El Héroe

El héroe había dejado el frente y regresado a casa.
Se había portado con valentía en el campo de batalla, lo habían ascendido a general y había hecho una entrada triunfal en su pueblo natal.
Los aldeanos lo recibieron con una gran fiesta. A los adultos se les convido a beber al caer la tarde y a los niños se les obsequio con dulces. En los pastos, las vacas y ovejas con las que se sustentaban los aldeano, bien porque estaban nerviosas debido al inusual revuelo o bien porque era su manera de dar la bienvenida al héroe, emitían mugidos y balidos mas estridentes de lo normal que resonaban en el cielo azul del verano.

- ¡Eres el orgullo de este pueblo, General!

El jefe de la aldea, obviamente henchido de satisfacción, inflaba el pecho mientras recitaba su discurso de felicitación en la ceremonia de bienvenida.

- El hecho de que el héroe mas destacado del ejercito naciera en esta humilde aldea resulta increíblemente emocionante y grato ¡No me cabe duda de que nuestros antepasados también esta exultantes!

La multitud apretujada en la plaza del pueblo, estallo en un huracán de vítores y aplausos.

- Según las cifras oficiales facilitadas por el ejercito, general, te deshiciste de al menos dos mil soldados enemigos con tus propias manos- Una ovación ensordecedora sacudió la plaza.
- Ahora que lo pienso, la población de esta aldea no alcanza los 1000 vecinos. Esto significa, general que tu solo eliminaste a mas del doble de la población de este pueblo ¡Que suerte para nosotros que no lucharas junto al enemigo! ¡De haber habido un guerrero de tu talla en su bando, ahora estaríamos todos descansando en el cementerio de la colina!

Algunas mujeres fruncieron el ceño ante esta afirmación, pero los hombres, cegados por el licor, respondieron con carcajadas retumbantes.

El general, sentado en medio del escenario, se acaricio su solemne barba. Ninguno de los presentes sabia que este era un gesto que hacia cuando algo lo dejaba perplejo. Cuando se marcho del pueblo para alistarse, no era más que un soldado raso al que le quedaba mucho para poder dejarse barba.

- General, eres el verdadero salvador de nuestro ejército, y aun más, del país entero. Comprendo que mañana regreses al frente pero todos deseamos que disfrutes plenamente de esta visita excepcional a tu patria chica.

El jefe de la aldea termino de saludar y se retiro a los bastidores, después de lo cual salto al escenario el mejor humorista del pueblo, ataviado de la forma más cómica posible.
- ¡Estimado general! – Exclamo mientras corría hacia donde el gran hombre estaba sentado y se dejaba caer de rodillas-. ¡Oh, escucha mi suplica! - ¿Seria posible que me prestaras tu espada, aunque solo fuera un momento?

Pese a lo atónito que le dejaba la situación, el general, obligado por los aplausos y vítores del público, le tendió al cómico su espada borlada e incrustada en joyas.

El humorista ejecuto una marcada reverencia al tomar la espada entre sus manos y volvió a gritar: ¡Mi gratitud no conoce límites! Fingiendo tambalearse por el peso del arma, se acerco al borde del escenario y alzo la espada en ristre.

- Y, ahora, damas y caballeros, pasare a escenificar el episodio que disparo la fama de nuestro apreciado general, ¡Cuando hizo añicos a 18 enemigos!

El público aullaba enfervorizado y el artista, entre movimientos y comentarios exagerados, movía la espada describiendo un gran arco. El publico sabia muy bien que estaba haciendo. El general no se había hecho popular solo gracias a su capacidad estratégica, sino que además era un guerrero muy reconocido en el campo de batalla. No confiaba únicamente en sus armas, sino que además solía recurrir a su fuerza descomunal. Esto también era motivo de orgullo para los vecinos del pueblo.

- ¡Vamos, uno menos! ¡Dos que no lo cuentan! Espada atrás ¡Tres eliminados! El cuarto se lleva un tajo diagonal que le cruza el hombro, el quinto pierde la cabeza ¡Ahora tres a la vez! Sexto, séptimo y octavo ¡mira que son pesados! Ahí van tres ensartados…

Cuando el actor atravesó con la espada a tres oponentes imaginarios, el publico se volvió loco. Al final el general forzó una sonrisa y aplaudió. Sin embargo, en cuanto dejo de aplaudir volvió a acariciarse la barba.

- Supongo que comprendes como me sentía en aquel momento, en medio de aquel escenario – dice el general a Kaim antes de dar un trago de agua de su bota. Su barba es completamente cana y los hechos que rememora están ya muy lejos.

Kaim asiente con la cabeza en silencio y el general sigue hablando, como si cada palabra le hiriera:

- Mientras más aprendes sobre la guerra mas te sientes así.
- Seguro que los aldeanos no tenían mala intención, era su manera de homenajear al héroe local
- No, desde luego, todos lo hicieron de corazón. En mi pueblo vive la gente más agradable del mundo y es precisamente por eso por lo que me dolió tanto. Al cabo de un rato, ya no aguantaba más.

Hacer añicos a 18 hombres… Los meritos de un héroe se miden en números.
Sin duda, el cómico que blandía jovialmente la espada del general jamás podría haber imaginado como eran quienes se dejaron la vida en el campo de batalla: su expresión de agonía, el odio con que perdían la vista en el infinito.

- Aunque es normal. La gente que vive en paz no tiene por que saber estas cosas. Para eso estábamos nosotros: Para mantenerlos lejos del frente. ¿No te parece? Gracias a que ya matamos nosotros al enemigo, la gente que debemos proteger no necesita preocuparse por las crueldades de la guerra. A menos que creas eso, ¿Qué sentido tienen que nos matemos unos a otros?

Kaim responde con un silencio. Sin apoyar ni negar las afirmaciones del anciano general, observa con aire distraído las tropas de este.

- ¿Cómo has dicho que te llamas? ¿Kaim? Imagino que habrás matado a más soldados de los que podrás contar.
- Seria imposible contarlos a todos.
- Lo suponía, tienes el carácter perfecto, el que solo se cincela en el campo de batalla. Nadie más que alguien que ha sobrevivido a una guerra tras otra puede seguir adelante con absoluta naturalidad, como tú.

¿Qué hace un hombre así conduciendo un carro por un paso de montaña?

Kaim no dudará en marcharse si el anciano formula esa pregunta. Pero el general no indaga más en el pasado de Kaim. En vez de eso, se adivina cierto alivio en la manera en que sonríe al verlo conceder un descanso a los caballos.

- Tenía dieciséis años cuando participé en mi primera batalla. A partir de ahí, he ido de combate en combate hasta llegar a general. Al principio no se me quitaban de la cabeza los rostros de los hombres con los que cruzaba espadas y mataba. Aunque te esfuerces en olvidarlos, se te quedan grabados en la memoria. Tenía unas pesadillas terribles y por mucho que lo intentaba, tenía la sensación de no deshacerme nunca del hedor de la sangre que me saltaba a la cara y las manos. Era una obsesión mía, claro, pero una vez llegué a pasarme una noche entera metido en un río para limpiarme.

El general se detuvo un momento para meditar sobre la historia y luego prosiguió.

- Pero con el tiempo te acostumbras. Lo normal pasa a ser combatir y matar una y otra vez. El cuerpo, el alma y el corazón: todo se adapta, así somos. Por tanto, dejé de tener pesadillas. Acabé con todos los hombres que pude y olvidé el rostro de todos ellos. Para ti es igual ahora, ¿Verdad, Kaim?
- Tal vez.
- Es como una maldición. Si no te acostumbras, se te parte el alma. Por otro lado, sí acabas adaptándote, se te puede acabar congelando el corazón.

El general mira con afecto a sus tropas, a las que ha dado un respiro. Después bajando poco a poco la mirada hasta el pie de la montaña dice:

- Y eso fue lo que me encontré cuando regresé con tanta ilusión a mi pueblo.

Como acto final de la ceremonia de bienvenida, salió al escenario un grupo de niños.

- ¡Y ahora, en honor a nuestro héroe, los niños ofrecerán al general una guirnalda de flores más maravillosa que la más reluciente de las medallas!

El público volvió a enardecerse.

Cuando los niños le colgaron la guirnalda del cuello, el general se lo agradeció con una sonrisa cálida, la primera que consiguió esbozar con sinceridad desde que subió al escenario.

- Y por último, como homenaje especial al general, que ha participado en infinidad de batallas, siempre tan lejos de su casa, uno de los niños va a leer una redacción en la que describe la felicidad de llevar una vida pacífica en el pueblo.

Con expresión adusta, un niño pequeño, apenas lo bastante mayor para ir a la escuela, desplegó su redacción y, sosteniendo el papel con ambas manos, comenzó a leerla en voz alta, esforzándose para que todos los presentes lo oyeran.

- Primero voy a hablar sobre una de las cosas más bonitas que me han pasado. En mi casa tenemos un prado con montones de vacas y ovejas. Una de las vacas tuvo un bebé hace dos días. Yo ayudé a mi papá frotando la espalda de la vaca de heno mientras estaba teniendo el bebé. Como le da calor, le es más fácil parir. El bebé nació justo antes de que saliera el Sol. Era pequeñito peo se mantenía de pie solo. ¡Un bebé que bien! Pienso cuidarlo hasta que se haga grande. Becerrito, no tardes en crecer.

Al general se le habían humedecido los ojos.

- Ahora voy a hablar sobre la cosa más triste que me han pasado. Fue cuando mi abuelita se puso mala y se murió. Era una abuelita muy buena. Sé que su enfermedad era muy molesta, pero siempre sonreía cuando yo iba a verla. Cuando murió me dejo cogerla de la mano. No dejé de mirarla a la cara en ningún momento porque sabía que no volvería a verla nunca más y quería recordarla incluso cuando sea mayor. Nunca dejó de sonreírme, hasta que se fue. Por eso, en todos mis recuerdos la veo sonriendo. ¿Me ves desde el cielo, abuelita? ¡Nunca te olvidaré mientras viva!

El general tenía el rostro surcado de lágrimas.

Cuando terminó la ceremonia, el general dejó su aldea y partió hacia la ciudad donde estaba el cuartel general.

Allí escribió una larga carta al rey y le entregó su espada a su teniente de confianza. Había decidido retirarse.

- Fue una gran sorpresa para mí, igual que para todo el mundo. Pero cuando escuché la redacción de aquel niño, pensé: Lo que nos hace humanos es celebrar cada vida que viene al mundo y cada vida que se va. Las medallas dejaron de tener sentido. Ya no necesitaba el honor de que se me permitiera estar en presencia de su Majestad. Quería volver a ser una persona normal. En consecuencia, de la noche a la mañana, ya no era el héroe del pueblo, sino un despreciable traidor.

El general se gira hacia Kaim y le pregunta:

- Y tú ¿Me consideras un cobarde que huyó del campo de batalla o un desertor que traicionó a mi patria?

Kaim sonríe comprensivamente al anciano.

- Ninguna de las dos cosas – contesta.- Como soldado tomaste la decisión equivocada pero como persona elegiste bien.

El general se pasa la mano por la barba cana y dice:
- También mis costumbres han cambiado. Ahora me toco la barba cada vez que siento vergüenza

Kaim y el general se miran y se sonríen.

- Muy bien, es hora de continuar – dice el general, que gruñe al ponerse de pie.

Se dirige a sus tropas. De acuerdo, valientes, a partir de aquí todo es bajada. Todavía hay que hacer un último esfuerzo para llegar al pueblo antes de que anochezca.

Las “tropas” a las órdenes del general se componen de una treintena de ovejas, ninguna de las cuales tiene intención de arrebatarle la vida a nadie.

- Dime Kaim, ¿tienes pensado volver a luchar mas adelante?
- La verdad es que no lo sé- Responde
- Ahora me alegro de pastorear estas ovejas- asegura el general- No lamento en absoluto la decisión que tome aquel día. Me gustaría que mi vida te sirviese de lección.

Sin más, el general se da media vuelta y comienza a caminar. El rebaño le sigue con las filas establecidas. En posición de firme, el anciano levanta el brazo derecho para dar una nueva orden a sus tropas.

- ¡Adelante! ¡Ar!

La orden que antes dirigía a decenas de miles de hombres al campo de batalla ahora resuena agradablemente entre las montañas de su pueblo natal.

FIN
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Re: Mil Años de Sueños

Notapor Sp1ke » 02 Abr 2009, 14:50

Otro mas

El pan de la abuela Coto.

Es inevitable que la aldea se convierta en un campo de batalla.
Las fuerzas enemigas han atravesado el paso septentrional y establecido el campamento en las cercanías.
También están presentes las fuerzas nacionales, que envían a la aldea una unidad detrás de otra para resistir las hostilidades.
La zona es un polvorín.

El pueblo, rodeado por unas montañas en las que se cruzan dos carreteras es un punto estratégico para el transporte.
No se debe permitir que caiga en manos enemigas, pues de capturarlo, los asaltantes verían incrementadas sus probabilidades de ganar la guerra. Los largos largos años de lucha han desembocado en este duelo final y decisivo.
Duelo que es perentorio librar.
Es de una lógica evidente, pura, inevitable. Y en cualquier momento transformará este tranquilo pueblo en un campo de combate.

El ejército ha dado la orden de evacuar la zona.
Los civiles solo servirían para estorbar.
- El enemigo quiere acabar con esto antes de que llegue el frío.
- ¿Eso qué significa? ¿Otro mes? ¿Dos semanas?
- Habéis liado los bártulos? Sería absurdo que nos sorprendieran y nos mataran aquí mismo. ¡Habríamos muerto por nada!
- Será mejor que no carguéis con ni con botes ni con sartenes, dejad todo el equipaje posible y huid tan raudos como podáis.
- Pensad en todas las generaciones que nuestros ancestros llevan protegiendo nuestro hogar y nuestra tierra. Me pone enfermo pensar que todo quedará reducido a cenizas cuando estalle el combate...
- No hay nada que podamos hacer. Hemos tenido mala suerte, eso es todo.
- No nos queda más remedio que resistir hasta que acabe la guerra y regresar cuando sepamos quién ha ganado.
- Lo más importante ahora es marcharse.
- Sí, no podemos hacer más.
- Debemos sobrevivir. No conviene albergar mas esperanzas.
- ¿Por qué demonios nos tiene que pasar esto a nosotros?

Los aldeanos marchan en grupos, los primeros que salen son los que han encontrado un refugio temporal.
Para cuando el bosque se empieza a teñir de rojo, el pueblo recuerda a un desierto. No queda más que la gente que vive sola y no tiene a nadie ni ningún sitio a donde ir.
El ejército ha levantado un sencillo campamento de refugiados para los evacuados que consigan atravesar las montañas. Los ancianos pobres van llegando con lo puesto.
La única que permanece en la aldea es la abuela Coto.

Kaim conoció a la anciana Coto poco después de unirse como mercenario a la unidad destinada a proteger el pueblo.
Estaba de ronda cuando vio a una mujer mayor trabajando en el campo.

Resultó ser la abuela Coto.

El soldado que lo acompañaba gritó:
- ¡Oiga señora, déjelo ya!
- Luego otro hombre exclamó:
- Váyase de aquí ahora mismo si quiere vivir. La batalla va a empezar dentro de dos o tres días. ¡¿Cuántas veces vamos a tener que decirle que se marche al maldito campamento de refugiados?!

Pese a todo, la anciana Coto los ignoró y siguió removiendo la tierra.
Evidentemente, no estaba cosechando nada.
Si esta fuera la temporada en que el grano ha madurado, aún podría tener sentido que se estuviera apresurando a recogerlo, sin embargo se limitaba a cavar como si hubiera olvidado que la batalla iba a estallar en cualquier momento.

- ¿Estará sorda o solo senil?

Con cara de asco, el capitán le gritó a Kaim:
- ¡Eh, tú, el nuevo! ¡Haz algo! ¡Llévatela al campamento de refugiados, aunque sea a rastras! No podemos tenerla por aquí. Sería un estorbo cuando empiecen los combates.

El capitán hablaba con arrogancia. Mientras más cobarde es un comandante, más soberbio y autoritario se vuelve y menos capaz es de disimular su nerviosismo según se va acercando la batalla.

Kaim se acercó en silencio hacia la anciana del campo.
- -¡Continuemos! - gritó el capitán sin girarse hacia quienes lo seguían.

Bastarían unos días para decidir el resultado del enfrentamiento por el pueblo, lo que indicaba lo violento que este prometía ser.
Por este motivo no servía de nada labrar el campo ahora. Los soldados arruinarían todo a su paso. La cosecha para el próximo año ya se daba por perdida. Nadie sabía cuantos años debería de pasar para que el pueblo recuperase su tranquilidad habitual.

Cuando Kaim se acercó a la anciana, esta continuó trabajando y le advirtió:
- ¡Ni se te ocurra echarme!

Su aspecto y su voz eran más recios de lo que adivinaba desde lejos.
- ¿No quiere abandonar la aldea? - le preguntó Kaim.
- ¿Para qué? - gruñó la anciana.
- Han levantado un campamento adonde se puede ir...
- Tú eres nuevo. Nunca te había visto antes.
- Sí...
- Entonces ni siquiera sabes cómo es el campamento. Los soldados no tenéis de qué preocuparos.
- ¿A qué se refiere?

La anciana Coto señalo a la escarpada montaña que se elevaba como un telón pintado sobre la cara oeste de la aldea.

- Hay que cruzar primero esa montaña y luego otra para llegar a él. A mis años ya no se puede caminar tanto. ¿Qué sentido tiene construir un campamento en un lugar así? ¿Cuántos viejos creen que pueden recorrer ese camino? Deberían habernos dejado morir en las colinas, como hacían antes.

No cabía duda de que estaba enfadado, aunque tal vez se sentía sobre todo triste.

- Estás de ronda, ¿no? Pues no dejes que te entretenga...
- No, verá...
- No vas a obligarme a marcharme a ningún campamento de refugiados. Este es el pueblo donde nací y aquí he vivido siempre.
- Sé como se siente, pero dentro de nada esto se va a convertir en un campo de batalla
- Ya lo sé.
- Entonces...
- ¿Entonces qué?

De nuevo Kaim no sabía que decir. Al darse cuenta de esto, la mujer sonrió y le dijo:
- Eres un joven muy amable, algo poco frecuente entre los soldados.

Cuando su humor hubo mejorado un poco, puso una sonrisa bastante afable.
- Cuando esto se convierta en un campo de batalla, los hombres morirán. Por decenas. Eso lo sé, no te preocupes. Pero tengo mucho trabajo pendiente, soldadito. Decirme que deje mi labor y me marche es como ordenarme que me muera. Así que voy a morir de todos modos, y no es que me queden muchos amaneceres por contemplar, quiero que me dejes cumplir con mi obligación. No creo que te cueste tanto.

Kaim se quedó callado. No porque no supiera cómo reaccionar, sino porque opinaba que la anciana llevaba razón. “Voy a morir de todos modos”, había dicho. Puesto que él jamás podría afirmar lo mismo, no le quedaba otra opción que aceptar la voluntad de la mujer.
- Hala, hijo, sigue con lo tuyo. Estoy ocupada.
- ¿Qué hace ahora?
- ¿Es que no lo ves?
- Lo siento, no entiendo mucho de campo.
- Como todos los soldados. - Dijo la anciana Coto con una sonrisa. - Lo único en lo que pensáis es en matar enemigos. No sabéis hacer nada útil. Su semblante volvió a ensombrecerse un poco.
Aun así, quizá animada por la amabilidad de Kaim, se dignó darle una explicación.
- Estoy sembrando semillas. Granos de trigo: se siembran en otoño, maduran durante el invierno, crecen bajo el sol de la primavera y doran los campos en verano.
- Siempre siembro cuando las cumbres del norte se cubren de blanco. Cada año. Y esta vez no va a ser distinto.

Granos de Trigo: se siembran en otoño, madura durante el invierno, crecen bajo el sol de la primavera y doran los campos en verano.
¿Madurarán las semillas en los campos pisoteados? Kaim lo dudaba mucho.
No obstante, la abuela Coto no mostraba la menor ansiedad ni resignación mientras esparcía las semillas por la tierra arada. Sus manos ejecutaban el antiquísimo ritual con facilidad, como para dejarle claro a Kaim que lo que estaba haciendo ahora no era ni más ni menos que lo que llevaba haciendo toda su vida.
- Como resultado, lo que Kaim dijo a continuación brotó de sus labios con tanta sencillez que hasta él mismo se sorprendió
- ¿Y si las semillas no germinan?
- Entonces las volveré a sembrar el próximo año. Y si el año que viene es malo, lo volveré a intentar la siguiente temporada. Así es como lo he hecho siempre. Si no siembras, no cosechas ¿Entiendes?
- Creo que sí...
- No importa si estamos en guerra o no. Voy hacer lo que debo hacer. Nada más.-Pese a que hablaba con firmeza, su cara surcada de arrugas acogió una sonrisa cuando aseveró- No puedes disfrutar de lo que comes si antes no te lo has ganado.
- ¿Quiere decir que esto es lo que le da sentido a su vida?

Esta era la pregunta cuya respuesta llevaba Kaim tanto tiempo buscando. ¿Por qué existía él? ¿Cuál era su cometido? Había estado vagando por el páramo infinito de la vida sin conocer las respuestas a estas preguntas, precisamente porque las ignoraba
- Yo no se de esas cosas.- admitió con timidez- Yo solo muelo el trigo y lo cuezo en otoño. Es un pan muy especial. Nada sabe tan bien como el primer pan que se hace con el trigo que has recogido cada temporada. Mi nieto siempre lo espera ansioso. No puedo dejar de sembrar este año, ¿no crees?
- Entiendo.
- No, tú que vas a entender. Tú no eres más que un maldito soldado.

Cuando Kaim regreso al cuartel, un soldado que llevaba más de seis meses destinado en el pueblo le dijo:
- Ese vejestorio no puede ni vernos ¿eh?
- ¿Por haber destrozado la aldea?
- En parte por eso, supongo, peor para ella hay algo peor.

La guerra había dejado sin familia a la abuela Coto. Primero murió su marido, en el conflicto de hacía cuarenta años, luego su hijo junto con su nuera, y ahora su nieto debía luchar en la guerra actual.
- ¿Cuál es su unidad?- Le preguntó Kaim al soldado.

Este encogió de hombros con impotencia y mencionó una unidad de las más conflictivas.
- Ya es mala suerte, allí los combates son tan sangrientos que en su lugar, yo me arriesgaba a que me ejecutaran por desertar. Tiene la mitad de posibilidades de regresar vivo a casa. No, tal vez menos, una contra tres.

Si su nieto muriera, la abuela Coto se quedaría sola en el mundo.
Ya no tendría a nadie para quien cocinar su pan.
- Debe ser duro quedarse sin nadie a su edad -comentó el soldado.-Cuando al veo, siempre me acuerdo de mi madre, que estará en casa. No puedo permitir que me maten. Ella nunca dejaría de llorar. A ti te pasará lo mismo, ¿no, Kaim?

Kaim no contestó. No tenía derecho a equipararse al soldado.

La batalla comenzó tres días más tarde.
El ataque del ejército enemigo fue aún más cruento de lo esperado. Kaim se alejó de primera línea en dirección a la casa de la abuela Coto.
La encontró saliendo al campo como siempre.

No se mostraba atemorizada por el combate. Quien tiene claro lo que debe hacer y no se deja distraer por nada, goza de una fuerza insospechada.
Ahora Kaim sabía que un mortal podía enfrentar a su vida con más tesón que alguien que morirá nunca. Puesto que estaba convencido de esto, se plantó frente a ella para impedirle el paso.

Tomó en sus brazos a la frágil anciana y cargó con ella de regreso a su casa.
- ¿Qué haces? ¡Suéltame! ¡No pienso obedecer a ningún soldado! ¡Tengo trabajo que hacer!
- Sí, lo sé – dijo Kaim.
- ¡Pues bájame ya!
- No voy a dejar que la maten.

Apretándola contra su pecho, la miro a los ojos y le rogó:
- Quiero que el próximo otoño vuelva a hacer pan con al nueva cosecha de trigo.

La anciana dejó de agitar los brazos y las piernas en sus intento vano por liberarse. Miró a Kaim mientras este le explicaba:
- Mientras tenga a alguien a quien ofrecer su pan recién horneado, quiero que siga preparándolo año tras año.

La anciana Coto suspiró con pesadez y murmuró:
- Sabía que eras un soldado muy raro.

Los combates se alargaron durante días.
El capitán cobarde y arrogante murió durante el enfrentamiento.
El soldado que le contó a Kaim la historia de la abuela tampoco vio el final del conflicto.
Fallecieron incontables hombres de las fuerzas defensivas y también innumerables enemigos
El fuego de la guerra calcinó la aldea y los combatientes arruinaron a pisotones el campo de la anciana Coto. El bando de Kaim repeló los ataques, a los que después siguió hacía el Norte. Atrás dejaron el pueblo, vacío y devastado.

La guerra finalizó cuando la primavera iba dando paso al verano.
A costa de las vidas de decenas de víctimas, el ejército impidió la invasión enemiga.
La aldea empezó a recuperarse poco a poco.
Tal como había predijo la abuela Coto, ninguno de los ancianos que huyeron al campamento de refugiados regresó al poblado.


Es otoño y Kaim ha regresado a la aldea. Se siente bien cuando los contempla los campos y ve a la anciana Coto sembrando trigo.
Después de todo, este año lo está haciendo otra vez.
Y también lo hará el próximo año y el siguiente, y todos los que vengan después, mientras viva.
La anciana ve a Kaim y atraviesa el campo hacia él con una sonrisa de bienvenida. Ha transcurrido un año. La mujer parece haberse encogido un poco durante este tiempo.
- Cuanto tiempo sin verte – le dice. ¡Asi que salvaste el pellejo!
- Yo también me alegro de ver que se encuentra bien.
- Oí que durante las batallas te quedaste cerca de mi casa, que luchaste sin ayuda para que los asaltantes no em la quemaran.

Kaim sonríe con timidez. -¿Que tal la cosecha?
Arruinada, claro. La peor de toda mi vida. Apenas salieron cuatro brotes. Los justos para una barra de pan.

La anciana habla con una sencillez sorprendente. Luego clava los ojos en Kaim y le pregunta: -¿Quieres probarlo?
- ¿El qué...
- El pan, ¡que va a ser! Puedo cocinar una barra para comérnosla entre los dos.
- Bueno, claro, pero...

La abuela Coto nota que Kaim vacila y le explica con una sonrisa serena:
- Sí, mi nieto murió. La noticia me llegó al final del verano. Tenía esperanza. Confiaba en prepararle pan en cuanto regresara a casa.
Vamos, prueba lo que él no pudo saborear. Como la cosecha fue tan mala, estará más duro de lo normal, pero seguro que a mi nieto le gustaría saber que he cocinado mi pan para el hombre que me salvó la vida.

Al final la guerra le ha arrebatado toda su familia a esta anciana.
En otras palabras, no que nadie que disfrute de su pan.
Aun así dejar de esparcir las semillas de la próxima cosecha, le pide a Kaim:
- Aguarda un minuto mientras acabo esto.

Lo hace porque es lo que ha hecho siempre.
Porque es lo que se supone que debe hacer. Kaim se decide a no ofrecerse a ayudarla, y se queda mirando su espalda encorvada.
Kaim se queda mirando su espalda encorvada. El resplandor del sol la hace tristemente diminuta y hermosa.
Kaim come el pan recién horneado, pese a todo la anciana llevaba razón: el pan, cocinado a partir de un grano que ha sufrido esta seco, y un tanto insípido.
Pese a todo comparándolo con cualquier pan que había probado y probará era el más delicioso que había comido.

FIN.
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Re: Mil Años de Sueños

Notapor maximossj » 03 Abr 2009, 18:23

Listo, nose porque le puse password...arreglado :)
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Re: Mil Años de Sueños

Notapor ikasten » 21 Abr 2009, 15:34

Qué gran idea, ¿cuánto os quedan?
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Re: Mil Años de Sueños

Notapor Sp1ke » 16 May 2009, 13:50

Retomamos desde el último de los que aparecen en el pdf de maximossj

Piedras del Cielo


La catarata se encuentra en el seno del bosque, a más de un día de viaje desde el pueblo más cercano. Se dice que es un lugar sagrado.
Los peregrinos que buscan el encuentro con los dioses entre las imponentes cumbres, se colocan bajo el salto de agua como colofón para su práctica ascética.
El agua de la catarata fluye helada. Aquel que pierde la concentración por un momento, es arrastrado por el agua furiosa.

Los peregrinos llaman a esta catarata las piedras del cielo. Piensan que el cielo pone a prueba su resistencia física y mental arrojando contra ellos un torrente de “rocas” en forma de poderosa catarata.

- Y estas piedras estás imbuidas de un poder misterioso – le explica un antiguo peregrino a Kaim con una sonrisa dolorida. Añade que fracaso durante la penitencia final.- Sobre cada persona caen Piedras del Cielo distintas. Es como si pudieran ver el interior de tu corazón.
- ¿A qué te refieres? – pregunta Kaim
- Las cargas que has soportado y los sueños que has tenido en el mundo seglar se muestran ante ti uno detrás de otro.

En su caso, comenta, primero le llegaron las voces de mujeres.

- El sonido del agua empezó a sonar como voces de mujeres. Voces dulces que me susurraban del cielo, sollozos, gemidos de un abrazo de amantes… un torbellino de ellas. Y para bien o para mal, las reconocí todas. Me emocioné al oír algunas y odié escuchar otras
- Se diría que las mujeres te han dado mas de un quebradero de cabeza
- Así es. No es por presumir, pero nadie se maneja en estas lides tan bien como yo. Aunque sobreviví hice llorar a muchas y amé demasiadas. Mi intención al someterme a la penitencia era olvidarme de esa vida, pero las piedras del cielo saben lo que se hacen. En la última prueba de todas, atacan tu punto más débil. Si tienes la menor duda estás perdido. El agua te derriba y se acabo la expiación – El hombre echa una rama a la hoguera – Y no soy el único.

Un compañero oyó la voz de su madre, a la que no veía desde niño; otro percibió los lamentos de su hijo muerto.

- ¿Siempre son voces?
- Ojala. Si dejas atrás las voces, la neblina de la catarata va tomando forma de persona. Puedes ver a alguien a quién odiabas tanto en el mundo seglar que lo querías matar, o a un usurero de quien te veías obligado a esconderte. Si vacilas, estas perdido.

Esta penitencia en concreto solo se puede afrontar una vez, no hay segundas oportunidades. A quien resiste un día y una noche pero fracasa al final, no lo queda más que regresar derrotado al mundo terrenal, como este hombre.

- Tampoco es que me resultara fácil seguir adelante cuando volví


Suelta una risita y llama a un joven peregrino, o mejor dicho, a un joven que era peregrino hasta hace un momento, puesto que acaba de salir del lago de la catarata completamente abatido.

- Eh, muchacho, arrímate al fuego. Tengo licor para que entres en calor y un poco de carne recién asada. Toma algo y recupera fuerzas para volver al pueblo

Ahora el antiguo penitente se gana la vida regentando una cabaña de té junto a la catarata. Por supuesto, los peregrinos que buscan la purificación no traen dinero consigo, pero el hombre no pretende enriquecerse con este trabajo.

A quienes han soportado durante largas horas las heladas aguas de la catarata, él les ofrece el calor de una hoguera, comida sana y bebida y a veces incluso dinero para que salgan adelante al regresar al pueblo. Ya se lo devolverán. Los penitentes le pueden reembolsar la cantidad prestada una vez que han empezado a obtener ingresos con los trabajos que encuentran en el mundo seglar.

Nunca pone fecha límite ni acepta pagarés. Asegura que así se las arregla.

- ¿No hay nadie que no pague nunca? – Pregunta Kaim
- Desde luego que sí – contesta el hombre con naturalidad- Pero para mi regentar esta cabaña de té es una cuestión de disciplina.
- ¿Cuestión de disciplina?
- Si. Las Piedras del Cielo solo aceptan a las personas más fuertes, a las que no se dejan perturbar por nada. Lo que yo quiero es acoger a aquellos que las Piedras del Cielo rechazan, a los débiles. Mi propósito es aceptar al miserable, a aquel que no solo sucumbe a las Piedras del Cielo, sino que además evita pagar lo que come y bebe.
- ¿Eso es disciplina?
- En efecto. Es una vida dura, no te quepa duda. Me había resignado a lidiar con los embusteros y los pusilánimes, pero he visto que son mas de los que nunca habría imaginado – admite con una carcajada efusiva.

Sin embargo, al instante siguiente se pone serio de nuevo y dice:

- Para serte sincero, más que como disciplina, me sirve para desquitarme
- ¿Para desquitarte? ¿De quién?
- Con esos dioses, o lo que sean, que arrojan sus Piedras del Cielo. Los humanos son débiles (en extremo, a los ojos de un Dios). Pero creo (y no solo por lo que me ocurrió a mi) que la debilidad es lo mejor de las personas. Despierta nuestra astucia pero también nos hace bondadosos. Nos atormenta, pero al mismo tiempo es nuestra salvación…. Nos atormenta, pero al mismo tiempo es nuestra salvación ¿Lo entiendes? Si los dioses lanzan sus Piedras del Cielo solo para que la gente sea consciente de su flaqueza, solo para que saboreemos nuestra impotencia, entonces no dudaré en bajarme los pantalones y enseñarles el culo. Me daré un par de azotes en el trasero y les gritaré: ¡Yo no soy como vosotros! ¡No pienso castigar a nadie por ser débil! ¡Acepto a las personas como son, con todos sus defectos!

El hombre alimenta la hoguera con otra rama y dice encogiéndose un poco de hombros:

- Supongo que me he dejado llevar.

Kaim sonríe y menea la cabeza como para decir “en absoluto”.

- Pero cuéntame,- continúa el ex penitente- Se ve que vas de viaje, aunque no tienes aspecto de peregrino.
- Tienes razón, no he venido a purificarme –explica Kaim –Quería atravesar el paso pero tomé el camino equivocado.
- Entonces ya que estás aquí, ¿Por qué no te enfrentas a las Piedras del Cielo? Así podrás contar como es.
- No gracias- dice Kaim sonriendo.
- ¿Por qué no? ¿Acaso temes que te muestre lo que no quieres ver? –El hombre sonríe y asiente con la cabeza- No te culpo.

El antiguo peregrino se equivoca con Kaim, que no teme en absoluto algo así. Lo que le asusta sería lo contrario, no percibir nada. Y descubrir que no es capaz de sentir.

- En cualquier caso, seria un suicidio enfrentarse a la catarata sin preparación.
- ¿A que te refieres?
- Hace un frío que pele, para empezar. Además el agua que brota del manantial del lago esta aún más fría. Hasta los más preparados deben entrar con precaución y tomarse su tiempo para acostumbrarse a una temperatura tan baja. Si entras de golpe, se te puede para el corazón.

El hombre apunta con la barbilla hacia la catarata como para decir: “Mira esos”.

Dos nuevos peregrinos se están preparando para el desafío de las Piedras del Cielo. Parecen hermanos. El mayor se arrodilla al borde del lago, se moja con agua fría y se frota desde los pies hasta el pecho. El menor no es tan paciente. Está ansioso por colocarse bajo la catarata. El mayor le aconseja que no tenga tanta prisa y se toma todo el tiempo que necesita para adaptarse a la nueva temperatura. Tiene la templanza de quien se ha sometido al entrenamiento más riguroso.

- Vaya, vaya, -le dice el propietario de la cabaña de té a Kaim- Somos unos privilegiados. Creo que vamos a ser testigos del primer intento fructífero en mucho tiempo
- ¿Cómo lo sabes? – Pregunta Kaim
- Llegas a intuirlo cuando llevas aquí tanto como yo. Se gana o se pierde incluso antes de situarse bajo la catarata.

Una vez que ha terminado de prepararse, el mayor entra en el lago. Incluso entonces avaza despacio y con cuidado. El menor lo sigue, levantando una cortina de agua a cada paso.

- El más joven no tiene nada que hacer – dice y echa otra rama al fuego- Será mejor que vaya preparando el licor –murmura para sí

Se introducen juntos en la atronada catarata.
Las Piedras del Cielo caen con violencia sobre ellos.

Tal como predijo el antiguo peregrino, el mayor de los hermanos, que mantiene la calma en todo momento, resiste el chaparrón de visiones que las Piedras del Cielo vierten sobre él.

También tal como predijo el hombre, las Piedras del Cielo derriban al hermano menor, que cae a lago. Sin embargo, sucede algo que no había ni imaginado.

El menor de los hermanos se retuerce agónica y vanamente en el lago, incapaz de ponerse en pie. Se está ahogando.

Se lleva las manos al pecho. Su corazón no puede más. No estaba preparado del todo para entrar en el agua gélida.

- ¡Ayúdame hermano! ¡Por favor!

Sin embargo el hermano mayor no se mueve. Permanece bajo la catarata en total concentración.

- ¡Eh! ¡¿Qué haces!? ¡Ayúdalo, deprisa! – grita el antiguo peregrino, pero el hermano mayor permanece inexpresivo. No se inmuta.
- ¡Se está ahogando! ¡Haz algo! ¡Va a morir!

El hermano mayor permanece inmóvil. Aprieta los dientes, cierra fuerte los ojos y no muestra ninguna intención de salir de la catarata, como si declarara “Por fin, esta es la prueba final de las Piedras del Cielo”

El hombre le grita un insulto y acto seguido se zambulle en las aguas revueltas del lago en un intento desesperado por salvar al hermano menor.

En cuanto su cuerpo desentrenado entra en contacto con el agua helada, el tremendo contraste de temperatura le paraliza el corazón.

Aun así, consigue llegar al joven, al que las aguas empiezan a tragarse. Todo su cuerpo se estremece y, entre gruñidos de dolor coge al muchacho por la muñeca y tira hacia sí de su cuerpo inmóvil. Intenta regresar a la orilla pero le fallan las fuerzas y se hunde.

Ahora es Kaim quien se tira al lago. Coge al muchacho y al antiguo peregrino y los lleva hasta la orilla.

Las Piedras del Cielo caen con violencia sobre Kaim, que recibe una visión detrás de otra: batallas, paisajes, estrellas fugaces, soles ponientes y nacientes, vientos enfurecidos y las incontables muertes de las personas que ha conocido a lo largo de su existencia interminable.

No insistáis, dice para sí pensando en los dioses que le arrojan sus Piedras del Cielo. Mi corazón no se arredra. Mi vida es mucho más cruel que cualquier fantasma que me mostréis. No está seguro de si su inmortalidad es una señal de su fuerza. No presume de ella y evita hablar de ella con nadie. Solo sabe que hasta ahora ha sobrevivido, que el paso de los años no ha podido con él.

Kaim sale a la orilla y tiende junto al fuego al propietario de la cabaña de té y al muchacho.
Mientras entra en calor el también piensa: “los dioses que lanzan las Piedras del Cielo son dioses inferiores. Si de verdad lo vieran todo, no habrían cometido el error de enviarle visiones de su pasado, puesto que lo que más le hubiera inquietado habría sido recibir un inesperado atisbo de lo que le depara su futuro sin límite-

Y si le hubieran preguntado algo tan sencillo como: ¿Para que naciste? Se habría venido abajo al instante.

El primero que vuelve en sí es el joven peregrino. El propietario de la cabaña de té se encuentra grave.

Aunque Kaim ha intentado calentarlo y le ha masajeado el corazón, no ha conseguido nada.

- ¡Vamos despierta! Mira, tenemos un fuego… ¡Lo encendiste tú! ¡Entra en calor!

Kaim sigue hablándole al odio hasta que por fin el hombre entreabre los ojos y separa apenas sus labios amoratados.

- ¿Es… está bien?
- Claro, se ha recuperado, no te preocupes.
- Oh, bien, bien…
- ¡Aguanta amigo!
- Pero dime… ¿la fuerza no reside en la frialdad?
- ¡No importa, no hables!
- Porque si es así… si la frialdad nos da fuerza, yo no la quiero…

El hombre sonríe débilmente a Kaim y cierra los ojos. Ya no volverá a abrirlos.

Los humanos son débiles y frágiles. Basta que el corazón, un órgano del tamaño de un puño, deje de latir para que la persona muera.

Por otro lado, la bondad de los hombres puede deberse al hecho de que son conscientes de esa delicadeza de la vida.

Al ver el cadáver del propietario de la cabaña de té, el joven peregrino agacha la cabeza y comienza a llorar. Este muchacho débil, derrotado por las Piedras del Cielo, derrama lágrimas sinceras por el hombre que le salvó la vida. Mientras tanto, su hermano mayor, más fuerte, sigue enfrentándose a la catarata, impasible bajo las Piedras del Cielo.

No hay duda de que los dioses admirarán su resistencia y completará su entrenamiento ascético. Pese a todo Kaim cree que el rostro surcado de lágrimas del muchacho es hermoso de un modo que nunca será el de su imperturbable hermano mayor y desearía entristecerse igual que el joven

La última sonrisa del antiguo penitente, que dio su vida para salvar la de un desconocido, irradiaba una nobleza incomparable. Kaim desearía poder sentir él algo así.

¿Y mi rostro?

Llevar mil años vivo no significa ser más fuerte. Con todo, ¿Conseguirá Kaim, que carga con el lastre de una vida eterna, transformar la debilidad en bondad?

No lo sabe.

No le queda más remedio que vivir ignorando la respuesta,

Solo puede seguir adelante. Solo puede seguir con su viaje.

Mira su reflejo en el lago de la catarata. En la superficie ondulante ve el rostro trémulo de un caminante solitario.

FIN.
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Re: Mil Años de Sueños

Notapor josh_117 » 18 May 2009, 15:54

:cawento: y que ya no quiera ayudar
sobres
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